Archivo · Nostalgia
Nací en 1969. Cuando los marcianitos invadieron las máquinas recreativas de los bares de Estepona, yo tenía nueve años y ya me gastaba las monedas en ellos.
En aquella época no había consolas en casa, ni ordenadores personales, ni nada que se le pareciera. Los videojuegos vivían en salones oscuros que olían a tabaco y a fritanga. En Estepona había dos: el Cid y los recreativos de la plaza de las Flores. Para jugar hacía falta una moneda de cinco duros y cierta habilidad para escabullirse de los mayores.
El Tetris llegó después, en los ochenta, cuando ya era adolescente. También en los salones recreativos, también con monedas, también de pie frente a una pantalla enorme que nadie tenía en casa. Me quedé con la lógica: encajar lo que te cae, sin quejarte, lo más rápido posible.
Estos juegos los he reconstruido ahora, con IA, para recordar lo que sentía entonces. Son míos de otra manera.
El clásico de bloques. Encaja las piezas antes de que lleguen arriba.
← → bajar · ↑ rotar · Espacio caída rápida
Space Invaders de toda la vida. Defiende la Tierra de los alienígenas.
← → mover · Espacio disparar · P pausa · R reiniciar
El come-cocos clásico. Huye de los fantasmas y come todos los puntos.
← → ↑ ↓ mover · P pausa · R reiniciar
La rana que cruza la carretera. Esquiva coches y cruza el río sobre troncos.
← → ↑ ↓ mover · P pausa · R reiniciar
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